La mujer que corre con los lobos sabe por dónde no hay que regresar. Sabe cuándo se tiene que reinventar.
Dice que no está enfadada por no saber correr con los lobos. En el fondo puede que lo esté aunque sabe que todo ha venido con el agua. Le agradece al agua.
Una vez se dejó cubrir la piel de pelo y le costó decirle adiós.
Le gustaría vivir salvaje, entre salvajes. Lo desea en su interior. Una vez leyó "Más vale pájaro volando que ciento en la mano. Si fueras pájaro lo entenderías". Pero escribió más vale pájaro en mano que ciento volando. Y un día salió volando.
