domingo, 3 de mayo de 2015

Once upon a time



"El niño es el creador del adulto. El carácter y la personalidad son la propia creación del niño". María Montessori.



Había una vez una niña que crecía y crecía. No podía parar de crecer. No quería dejar de crecer. Sus ojos miraban maravillados la vida. 
Pensaba que ya era mujer cuando se dio cuenta de que no podía serlo pues la niña todavía estaba creciendo. Y se preguntó cuándo se convertiría en mujer. No es que quisiera serlo, no es que tuviese prisa, no, para ella poder seguir siendo una niña era maravilloso. Tenía tantas cosas que aprender. Sentía que no quería abandonar la mirada de la niña. Allí se sentía segura. 






Pero no encajaba allá afuera, ni tampoco adentro. Comprenderán que es muy difícil sentirse niña en un cuerpo de mujer. Algo así sentirán las personas que en el desarrollo de su identidad sexual sienten que nacieron con una anatomía que no corresponde al sexo al que de verdad pertenecen. Quiero decir que uno no es una mujer solo porque tenga una edad o porque los demás crean que debas comportarte como tal. La sociedad tiene mucha prisa en hacer de las niñas mujeres y les exige comportarse como tales antes de que éstas se hayan sentido mujeres. 


Fue entonces cuando la niña descubrió el secreto. ¡Era ambas!. La niña había estado creciendo y no se había dado cuenta de que a veces también se sentía mujer. A ratos niña, a ratos mujer. La niña siempre estaba ahí y la adulta a veces venía a jugar. 


La niña se ocupaba de la logística, de la personalidad y el carácter,  y la adulta cuidaba de la niña. Cuando la niña tenía berrinches, la adulta se encargaba de castigarla. Ése era el juego al que jugaban.

La cosa es que un día la adulta decidió vivir sin castigos porque la niña no paraba de llorar desconsoladamente.   Desde entonces la adulta vive en libertad y procura que la niña llore en su hombro. Si la niña se enfada y coge un berrinche, no la castiga, sino que se sienta a charlar con ella y así,  juntas,  comparten las penas. Porque como todos saben: las penas compartidas, son menos penas. 

 Estoy en edad adulta pero me siento y soy una niña también. Y así quiero seguir sintiéndome. Porque las quiero a ambas. 



Los relojes no sólo matan el tiempo.